ARTESANOS DE LOS SENTIDOS

Judith Jáuregui

Pianista

Judith Jáuregui

Aplaudida como artista de refinamiento expresivo, pulsación luminosa y gran personalidad, Judith Jáuregui es una de las pianistas más cautivadoras del momento. En palabras de la revista alemana Piano News, ‘no es solo la impecabilidad de su interpretación la que cuenta, sino la impresión de escuchar a una pianista que verdaderamente tiene algo que decir’.

Fotografía de Michal Novak

"Haciendo un símil con el lenguaje ya que la música es expresión, el piano sería mi palabra, mi medio para poder contar historias en donde el teclado es una extensión de las manos."

¿Dónde nace tu pasión por el piano?

J.J. Comencé a tocar con apenas 5 años. En mi familia no hay antecedentes músicos pero mis padres querían que tuviéramos un acercamiento al arte desde pequeñas, que nuestra formación también tuviera una dimensión cultural y espiritual desde la experiencia propia. Había un piano en casa que tocaban mis dos hermanas mayores, yo comencé con el violín y enseguida pedí pasarme al piano. Mi tiempo en el instrumento era mi juego, mi momento para crear mundos de fantasía con las 88 teclas que tenía enfrente. Y pronto despertaron las ganas de compartir las emociones que sentía al tocar, tuve un gran profesor que se dio cuenta de ello y a los 8 años salí al escenario. Desde entonces mi gran pasión es comunicarme a través de la música, sentir la comunión con el público y vivir de la intensidad de la energía que ahí se crea.

¿Te consideras una artesana de la música?

J.J. Dedicarse a la música clásica tiene mucho de artesanía, sí. Tanto por la parte de crearla con las manos, donde se concentran tantas huellas de las notas que pasan por ellas, como por la de la tradición, pues mi repertorio abarca tres siglos de historia.

¿Qué vínculo sientes con el piano?

J.J. Haciendo un símil con el lenguaje ya que la música es expresión, el piano sería mi palabra, mi medio para poder contar historias en donde el teclado es una extensión de las manos. Por otro lado, la vida de un pianista a veces es solitaria, y el piano siempre está ahí ofreciendo refugio y hogar.

Después de tantos conciertos, ¿qué te emociona de una actuación?

J.J. El acto de compartir lo más íntimo y a la vez lo más primitivo del ser humano: la emoción. Muchas veces me preguntan por los aplausos, y yo siempre digo que no sé valorar si el público ha disfrutado con el aplauso. En cambio sí siento muy fuerte el silencio. Cuando se da la comunión entre público y escenario, cuando todos respiramos y somos uno en la música, se crea un silencio lleno de emociones que impacta en lo más profundo del alma. Y cuando llega eso ya no hay marcha atrás: la música te ha atrapado para siempre.

¿Donde te gustaría interpretar una obra?

J.J. Hay muchas salas en el mundo que aún están en mi lista de sueños pero más allá del circuito, una de mis fantasías sería tocar en el mar. El mar es el lugar donde me siento más libre y vivir un atardecer tocando en una pasarela sobre el mar sería inolvidable.

¿Por qué es importante la música como manera de expresarse?

J.J. Porque el nivel al que se expresa es el más profundo, el que conecta con la esencia de nuestro ser. En un mundo tan lleno de impactos, donde todo parece fugaz y donde reina la ansiedad por el futuro es más necesario que nunca encontrar ese espacio para el alma, ese lugar para la escucha interior, la introspección. A través de las emociones por las que nos guía la música podemos conocernos mejor y sobre todo, sentirnos mejor. Además la música da la posibilidad de viajar mentalmente a donde queramos: podemos ir a un atardecer lleno de colores con Debussy, dar un paseo por el campo con Beethoven o Brahms, vivir la pasión y el amor incondicional de los Schumann, imaginarnos en plena nieve en la estepa rusa con Rachmaninov, con Scriabin, disfrutar una noche neoyorquina con Gershwin… ¡hay tantas postales, tantos viajes imaginarios y emocionales que se realizan a través de la música!

¿Qué emociona a Judith Jáuregui?

J.J. Me emociona la belleza, como dijo Wagner a Schumann en una de sus cartas: la única posibilidad de salvación es la belleza. Y si nos enfocamos bien, la encontramos en todos los rincones. Una de las grandes fuentes es la naturaleza con todos sus matices, del pleno sol a la tormenta. La encontramos en las sonrisas honestas, los gestos de amabilidad, el amor, el respeto, la lealtad, la valentía, la sencillez, la bondad por encima de todo. Y por supuesto en el arte, la música, la pintura, la poesía… que reúnen esos valores y se comprometen con una sociedad libre y democrática.